Por Ana María Radaelli*

 

11026196_986151324757763_7917183248516642899_nHay imágenes que perduran en la memoria, intratables, obcecadas, inamovibles, listas a volver, arremetiendo, al menor chispazo, o a la mayor provocación, una que las creía sepultadas.

Eso me sucedió hace apenas unos pocos minutos, después de escuchar el discurso mesiánico, ¿qué otra cosa podía normalmente esperarse?, del presidente del Imperio. Mesiánico, digo, pronunciado desde los alto de un pedestal, por encima de todas y todos los pobrecitos de esta tierra americana, los postergados, los ninguneados que, oh, maravilla de maravillas, hace rato hemos dejado de serlo, para erigirnos en dueños de nuestro propio destino.

Y él, sin saberlo, qué pena.

Cuando empezó el discurso del compañero presidente Raúl Castro, una magistral clase de Historia que hizo vibrar al auditorio, hubo un pase de cámara que mostró al Todopoderoso hojeando ostensiblemente un libro, folleto,  informe, vaya una a saber qué.

Y así se disparó la memoria, la mía, provocándome un bochorno, una angustia, difíciles de digerir.

Año de 1985, 17 de septiembre, para ser exacta. Después de veinte años de exilio, volvía yo a un Buenos Aires transido todavía de espanto después de la Tragedia, que no de la Batalla. El gobierno del presidente Raúl Alfonsín, reinaugurando una rancia y viciada “democracia”, propiciaba lo que se dio en llamar “El juicio del Siglo”, que sentaba en el banquillo de los acusados, a la cúpula de los genocidas de todo un pueblo: Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Orlando Agosti, etc., etc., quienes, después de ser condenados a cadena perpetua, fueron finalmente absueltos, amnistiados, por obra y gracia de sacrosantas leyes de Olvido y Perdón y Obediencia Debida. Habría que esperar muchos años para que, al fin, se comenzara a hacer justicia.

Tengo en mis manos el Diario del Juicio.

El pie de foto reza así: Poco le interesa el juicio, visiblemente, al acusado Jorge Rafael Videla, quien a lo largo de las dos primeras jornadas de la audiencia de acusación, destinó su tiempo a la lectura, pero no del alegato fiscal, sino de un libro que guardaba dentro de su portafolio, Las siete palabras de Cristo, que en el momento de ser tomada la foto tenía abierto en la pagina 73… Sí, porque mientras en el estrado se sucedían por primera vez sobrevivientes del Horror relatando a duras penas el infierno vivido, Videla leía.

Ignoro lo que tanto cautivaba a Obama, aunque era ostensible que poco y nada le interesaba, pues lo hojeaba al desgaire. Su problema era insultar, ofender, menospreciar a quien nos estaba dando, una vez más, una lección de Dignidad. Porque si alguien en este mundo puede hablar de Dignidad, Soberanía, Solidaridad, Entrega y Sacrificio en aras de un ideal de Justicia y Humanidad, ese es el pueblo de Cuba en la voz de su presidente, ese pueblo que apretando dientes y cinturón ha sobrellevado, y vencido, las pruebas más brutales impuestas a país alguno en cincuenta y tantos años de Bloqueo genocida. Y de eso se trataba en el magnífico y ya inolvidable discurso del compañero Raúl.

Cuando le tocó el turno al presidente Maduro, líder de la Revolución Bolivariana, que el Imperio trata de crucificar y liquidar por cuantos medios tiene a su alcance, ¡y tiene muchos!, ya Obama, el que decretó que la Venezuela de Bolívar y Chávez era una amenaza Inaudita para la Seguridad de los Estados Unidos, ese señor, digo, ya había abandonado el recinto…

Vergüenza es poco decir.

Solo una pregunta:

Después de habérseles negado la entrada al Foro paralelo a más de veinte compañeros cubanos, legítimos representantes de la Sociedad Civil, después de la ignominia que representa el haber financiado la participación de decenas de mercenarios y terroristas, incluyendo a un ser tan deleznable como el asesino Félix Rodríguez, que se paseó muy orondo por Panamá exhibiendo una foto del Che moribundo como su trofeo de caza, después de tanto escarnio, ¿Es así como el presidente Obama pretende convencernos de las bondades que supone cobijarse bajo su dadivosa y magnánima ala “protectora”?

En el fondo, hay que darle las gracias, si, ¡Gracias, Presidente Obama!, usted, de manera grosera y brutal, con la insolencia y soberbia que caracterizan a los representantes del Imperio, hoy descorrió como ninguno los velos de la impudicia, abriendo los ojos de los ¿incautos? que, por un momento, pudieron creer en la buena fe de sus palabras de “acercamiento”, “buena voluntad”, y no sé cuántas imposturas más…

 

*Periodista y narradora argentina radicada en Cuba.

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Lo que viene entre Cuba y EE.UU: ¿”Valores universales” vs “temas de Castro”?

Barack Obama, Raul CastroEn la Cumbre de las Américas efectuada en Panamá no hubo declaración final. Estados Unidos y Canadá se opusieron a algunos aspectos en que los 33 países América Latina y del Caribe estaban de acuerdo y, por las normas democráticas de la Organización de Estados Americanos (OEA), con mayoría de 33 contra dos no es posible aprobar un documento.

Washington y Ottawa se separaron del resto del continente por no considerar la salud un derecho humano, el acceso equitativo y seguro y el derecho a la privacidad en el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, la oposición a sanciones unilaterales (bloqueo a Cuba y declaración de Venezuela como amenaza), la transferencia de tecnología sin condicionamiento a los países de menor grado de desarrollo, reconocer la Cumbre de los pueblos como foro ciudadno y el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas respecto al cambio climático.

Después de que su gobierno asumiera esas posturas, el Presidente de Estados Unidos dijo “no queremos estar atrapados en la ideología” y afirmó sobre el devenir futuro en su nueva política hacia Cuba: “Nosotros seguiremos hablando de valores universales y Castro seguramente seguirá hablando de sus temas. Pero podemos tener muchas cosas en común”. Luego, Barack Obama escuchó el dicurso del Presidente cubano Raúl Castro y abandonó el plenario sin atender lo que países tan importantes como Argentina y Venezuela tenían que decir.

El mainstream mediático parece se retiró del salón junto con Obama porque su conclusión, a pesar del aislamiento de Washington en la elaboración de la declaración final y en los discursos de los mandatarios, es que -como editorializa el diario español El País: 

“Por primera vez desde hace años, este encuentro ha servido para mostrar el papel predominante de Estados Unidos en el hemisferio y además de una manera que, también por vez primera, no despierta un coro de protestas y advertencias en contra.”

Para cualquiera que haya seguido las intervenciones de los mandatarios asistentes lo ocurrido fue absolutamente diferente, porque precisamente lo que hubo en el plenario respecto a Estados Unidos fue eso: “un coro de protestas y advertencias en contra”.

En cuanto al discurso de Obama, o hay esquizofrenia en el gobierno de EE.UU. o lo que la Casa Blanca entiende por “valores universales”, según su comportamiento en Panamá,  es tratar de imponer la voluntad de una minoría a la mayoría, la oposición a causas universales como la salud, la protección del medio ambiente o la democratización del acceso a la tecnología, y la negativa a escuchar a los otros después de que les descargaste tu filípica. O sea, american values disfrazados de universal values, lo que no es precisamente otra cosa que ideología. Pero para EE.UU. y la prensa que lo acompaña, lo que queda fuera de ellos, son solo “temas”, aunque sean los de la inmensa inmensa mayoría del continente, entre la que está Cuba.

Sin embargo, cierto es que hay un escenario nuevo que ha permitido una gran victoria cubana, como describió con exactitud la presidenta argentina Cristina Fernández, al referirse a lo que la para la gran prensa es sólo “el encuentro de dos presidentes que finalmente después de mucho tiempo decidieron darse la mano”:

“No, señores. Cuba está aquí, porque luchó por más de 60 años con una dignidad sin precedentes, con un pueblo, que como recién lo indicaba Raúl, el 77 por ciento nació bajo el bloqueo, que sufrió y sufre aún muchísimas penurias, y porque ese pueblo fue conducido y dirigido por líderes que no traicionaron su lucha, sino que fueron parte de ella.”

Y detrás de esa dignidad sólo puede haber valores sostenidos por un pueblo entero, no “temas” de una persona.

 “¡¿Quién puede pensar que vamos a obligar a todo un pueblo a hacer el sacrificio que ha hecho el pueblo cubano para subsistir, para ayudar a otras naciones?! Pero “la dictadura de los Castro los obligó”, igual que los obligó a votar por el socialismo con el 97,5% de la población”

Así afirmó el Presidente Raúl Castro, cosechando uno de los muchos aplausos a su intervención ante el plenario de la Cumbre en Panamá. No obstante, como dijo el mismo Raúl durante el encuentro que él y Obama tuvieron con la prensa esa misma tarde:

“…estamos dispuestos a hablar de todo, pero debemos tener paciencia. Mucha paciencia”  

(Publicado en CubAhora)

 

 

Tomado de La Pupila Insomne

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ESCARAMUZAS POLÍTICAS: EE.UU. puede seguir interfiriendo… si América Latina se lo permite

Por Gloria Analco, @GloriaAnalco

Mientras líderes sudamericanos mostraron actitud y carácter en la Cumbre de las Américas de Panamá para denunciar el intervencionismo de EE.UU. frente a Barack Obama, el líder cubano exhibió estrategia.

Raúl Castro, con parsimonia, consiguió apoderarse de la escena política de la Cumbre. Era a quien todos querían saludar y darle la bienvenida, sin excepción.

En la Cumbre flotó en el ambiente político todo el tiempo que había viejas y nuevas rencillas por saldar con el gigante del Norte, como lo mostraron frases puntillosas de mandatarios latinoamericanos que marcaron las grandes diferencias que había con EE.UU. en relación con el significado de la democracia, los derechos humanos y la libertad de expresión con que está contraatacando actualmente Estados Unidos.

Fueron muchas las referencias históricas que explicaban el presente, también cargado de agresiones hacia la región, al grado de que Barack Obama terminó por decir:

“Me encantan las clases de historia que recibo aquí… y estoy consciente de que hay capítulos oscuros en nuestra historia… en los que no hemos observado y sí incumplido con los principios e ideales… Podemos pasar mucho tiempo hablando de agravios e injusticias pasadas y usar a Estados Unidos como una gran excusa cómoda para los problemas políticos continentales… eso no es lo que aporta progreso ni va a resolver el problema de los niños analfabetos que no tienen suficiente comida y no hará que nuestros países sean más aptos y competitivos en una economía global”.

¿Quién le propinó un “knockout” a quién? Y aunque a Obama no le guste, hay que hacer historia para saberlo.

Raúl Castro ofreció un discurso en el que reseñó las agresiones sufridas contra su país por Estados Unidos. Lo relevante de esto fue que citó el momento en que comenzó a escribirse la historia que caracterizaría las relaciones entre ambos países hasta el presente.

Fue por un memorando del subsecretario de Estado Lester Mallory, el 6 de abril de 1960, que Raúl Castro calificó de “perverso”. Decía: “La mayoría de los cubanos apoya a Castro… El único medio previsible para restarle apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las penurias económicas (…) debilitar la vida económica (…) y privar a Cuba de dinero y suministros con el fin de reducir los salarios (…) provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

A Nicolás Maduro eso le sonó bastante conocido; otro tanto a Evo Morales y algo menos a Rafael Correa, y con otro escenario también a Dilma Rousseffy a Cristina Fernández, y aunque no estaba presente, Michelle Bachelet también ya ha empezado a escuchar pasos en su tejado.

Eso no va a detenerse porque Obama haya dicho en la cumbre que “Estados Unidos no será prisionero del pasado” con Cuba ni con la región. “Estados Unidos mira hacia el futuro”, dijo.

Ese es el problema, que EE.UU. necesita de la riqueza y del control de la región “para sostener su andamiaje económico que está cayendo en muchos sentidos”, como bien señaló el analista internacional Luis Bilbao.

La región, como de sobra ha dado muestras Cuba, necesita de estrategias muy inteligentes para oponerse a ese festín de predominio que pretende darse Estados Unidos. El Gobierno estadounidense tiene un arma muy poderosa para intentar conseguirlo: tiene de aliados a las oligarquías de todos esos países.

 

*Reportera mexicana, publica en Uno más uno y otros órganos de prensa. Colaboradora habitual de Cuba coraje. Trabajo enviado por su autora

 

 

 

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Sociedad y política en la Cuba revolucionaria

Por Fernando Martínez Heredia*
 

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No utilizamos la noción de gobernabilidad [1], porque no tiene nada que ver con nuestras realidades, problemas, concepciones sociales y proyectos. Sugerimos que no sea utilizada para analizar, comprender y evaluar este campo que describimos en los casos de la América Latina y el Caribe. “Gobernalidad” es una noción que generaliza un conjunto de abstracciones y disquisiciones de la llamada ciencia política de países de los llamados “desarrollados”, puesta en íntima relación con un cuerpo ideológico correspondiente a los retrocesos conservadores iniciados en la octava década del siglo XX respecto a lo que se había avanzado en las décadas previas en materia de políticas sociales, funcionamiento de sistemas políticos democráticos representativos y respeto a la soberanía de los Estados, autodeterminación de los pueblos y derecho internacional. Sugiero utilizar otro título que corresponda efectivamente a las cuestiones de sociedad y política.

El tratamiento de los temas de la dimensión política de nuestras sociedades está obligado a tener cuenta sus especificidades. La diversidad es uno de los rasgos principales de estas sociedades, y la pluralidad de prácticas, instituciones, normas, valores, historias y tradiciones es una realidad ostensible al aproximarnos a ellas. El repertorio de puntos que aparece a continuación del título “Gobernabilidad democrática” responde a claramente a la ideología referida y resulta parcialmente inatinente por su contenido. Es insuficiente para que cada país dé a conocer lo que entienda necesario en el Foro Social. Lo más conveniente entonces es que cada país organice libremente su exposición.

En Cuba, la dimensión política de la sociedad es mucho más amplia y más rica que el sistema político. A partir de 1959, el ejercicio de la actuación política directa con muy alta conciencia de los derechos y deberes ciudadanos ha sido una constante para la mayoría de la población. Estas prácticas no son intermitentes ni de involucramientos parciales, sino constantes. Combinan las motivaciones procedentes de una conciencia social de lo político y del valor de la solidaridad humana y el patriotismo popular con los vehículos, la estructura y la sistematicidad usual de los sistemas políticos. Lo político, y los deberes a cumplir por el sistema político, incluyen en Cuba mucho de lo que en otras sociedades se deja al arbitrio de otras instancias, con evidente perjuicio para las mayorías, como la alimentación, la salud, el empleo y los derechos del trabajador, la educación, la seguridad social, y otras necesidades del individuo y los grupos sociales.

No es posible representarse ni comprender la legitimidad del liderazgo que emergió de la Revolución que triunfó en 1959, ni la legitimidad del sistema político que se fue configurando en Cuba, sin partir de esos elementos, y sin añadirles que el consenso por parte de las mayorías que el poder político ha gozado durante más de medio siglo tiene bases muy firmes en el imperio de la justicia social, la redistribución sistemática de la riqueza social en beneficio de esas mayorías, la identificación general del gobierno como servidor de los altos fines de la sociedad y administrador honesto –y no como una sucesión de grupos corrompidos que medran, engañan y lucran–, y la defensa intransigente de la soberanía nacional plena. En Cuba, esta no es un tópico de derecho internacional ni de declaraciones políticas, sino una de las piedras miliares de la dimensión cívica de la vida del país y una realidad política amada, porque la soberanía plena fue conquistada por los esfuerzos y los sacrificios de varias generaciones y se identifica como un valor decisivo para la vida política y un ideal popular que no admite cesiones ni transacciones.

Las prácticas y las experiencias prolongadas en el tiempo y convertidas en costumbres y en cultura política constituyen factores decisivos de lo político en Cuba. Hay que reconocer y valorar hechos y procesos fundamentales, como la pacificación de la existencia personal y familiar, que garantizó y elevó la calidad de la vida, las posibilidades, los derechos, los nuevos problemas y los proyectos de las mujeres, los hombres, los niños y los ancianos. Al mismo tiempo, en Cuba no existen desde hace más de cincuenta años la violencia en la política, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzosas, ni las torturas a detenidos. Las tasas de homicidios y de consumo de drogas son bajas. No existe en Cuba como problema de alguna entidad la seguridad de la población. La corrupción y la violencia ligadas al narcotráfico, ese azote terrible para tantas vidas, sociedades y sistemas políticos, no existe en Cuba.

La legalidad y el pensamiento predominantes en Cuba le dan mucha más importancia y funciones al poder político en su conjunto que a normas y equilibrios basados en divisiones del Estado en varios poderes. Sus razones generales fundamentales han estado, y siguen estando hasta hoy, en que la mayor parte de los países del planeta solamente puede enfrentar los desafíos actuales con posibilidades de éxito si cuenta con poderes muy fuertes que las mayorías sientan y respalden como verdaderos representantes suyos, y que posean capacidad de movilizar recursos de la sociedad y decidir y hacer cumplir las decisiones en muy diversas cuestiones importantes. En Cuba esto se ha demostrado una y otra vez en la práctica y ha creado una cultura sólida y muy compartida respecto a la forma de gobierno. Uno de sus rasgos principales es la convicción de que es necesaria una gran unidad política y de propósitos de la nación y la sociedad. Dos de sus razones fundamentales son: defendernos de la agresión permanente, sistemática, ventajista e ilegal que nos hace Estados Unidos; y sortear o resolver parcialmente las profundas y abarcadoras desventajas económicas a las que nos somete el sistema actual de financiarización, centralización y exacciones parasitarias del capitalismo.

A lo largo de todo el proceso iniciado en 1959 ha habido conciencia de las ausencias y las deficiencias que provoca la necesidad de no arriesgar la integridad y la capacidad defensiva del sistema. Pero siempre ha existido el examen crítico de nuestras realidades desde adentro,  ejercido por ciudadanos e instituciones que aspiran al mejor funcionamiento del país y defienden su soberanía nacional plena. Se han expresado siempre diferentes criterios, y discutimos mucho entre nosotros. Fórmulas vacías, confundidas y a veces malintencionadas, como la de que “Cuba debería cambiar”, no tienen en cuenta dos realidades. Primera, que en Cuba ha habido numerosos cambios en los diferentes campos del país, y los sigue habiendo en la actualidad, dentro de la permanencia esencial que es su revolución socialista de liberación nacional y su intento de crear unas personas, una sociedad y una cultura nuevas. Segunda, que nadie puede ni podrá imponerle a Cuba cambios que no sean los que las cubanas y los cubanos quieran darse libremente, en el ejercicio de su cultura, sus intereses, sus ideales, sus proyectos y su soberanía.

Cuba posee una enorme pluralidad social y una larga historia de organizaciones sociales. Toda revolución es una gran fuerza unificadora, que barre diferencias o las pospone, y a veces las oculta. Ha sido un signo importante de desarrollo y madurez la inclusión creciente de ambas en los últimos veinticinco años, tanto en la cotidianeidad como en la vida cívica. Que se haya transitado desde las preocupaciones y la tolerancia hasta la integración con prestigio social constituye un gran avance de las dimensiones políticas y sociales, que reconoce a las diversidades como una fuerza extraordinaria del país y una riqueza inmensa.

Existe hoy una conciencia generalizada de que es necesario seguir avanzando en el sistema político y en las demás dimensiones de la sociedad cubana, e inclusive revolucionar y transformar lo que ha podido parecer lo mejor y lo que debe ser permanente. En el largo y difícil camino de su liberación, los pueblos que fueron colonizados y neocolonizados saben que están obligados a crear, y a liberarse de las normas y las influencias de la dominación que no solo los aplastó y esquilmó, sino que los enseñó a imitarla y creer en su superioridad o inevitabilidad, o a permanecer en el mejor caso a su abrigo, eternamente alienados.

Hay dos Américas. Todos sabemos a cual pertenecemos. Los cubanos estamos orgullosos de formar parte de lo que Martí bautizó como Nuestra América. Exponemos nuestras realidades, problemas, proyectos y sueños, y tratamos de conocer los de nuestros hermanos, para enriquecer con ellos la experiencia que tenemos y los desarrollos que necesitamos.

Solamente asumiendo que hay dos Américas, en todas sus realidades y sus implicaciones, será posible que puedan sentarse ambas en un mismo lugar, y que comiencen a exponer y a intercambiar acerca de sus realidades y sus proyectos, sobre la base del más absoluto respeto mutuo. Sugiero que el Foro de la sociedad civil de la VII Cumbre incorpore el contenido y el valor del legado político de José Martí, y le saque provecho utilizándolo como uno de los materiales que guíen sus propósitos y sus debates.

…….

[1] Opinión acerca del tema “Gobernabilidad democrática” del Foro de la Sociedad Civil que acompañó a la VII Cumbre de las Américas. Los puntos que debían tratarse según su convocatoria constituyen un servicio ideológico prestado por la Organización de Estados Americanos al imperialismo norteamericano y a la dominación capitalista. La absurda prohibición de referirse a realidades concretas de los países de la región evidencia que esa organización totalmente desprestigiada que ya debe dejar de existir trató de reflotarse asumiendo un papel de “mediadora”. El autor, naturalmente, no le hizo caso a sus orientaciones.

Agradezco mucho a Cubadebate haber publicado la versión primera de este texto, que le entregué en Panamá.

Tomado de Cubadebate

*Doctor en Derecho y profesor titular adjunto de la Universidad de La Habana, donde dirigió el Departamento de Filosofía. Trabaja como investigador titular en el Centro Juan Marinello, del Ministerio de Cultura de Cuba. Reconocido ensayista e historiador, fue director de la revista cubana Pensamiento Crítico, y se ha dedicado a las investigaciones sobre la revolución y la historia cubanas, y los movimientos populares latinoamericanos. Es autor de una decena de libros y de más de 200 ensayos y artículos publicados en numerosos países. Ha sido traducido al inglés, portugués, francés e italiano. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. (Ocean Sur)

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VII Cumbre de las Américas: Victoria histórica de la unidad Latinoamericana y Caribeña

Por Lohania Aruca Alonso *

 

Ninguna otra palabra que Victoria, con mayúscula,  he podido hallar para expresar la inmensidad histórica de lo que hemos vivido en la vida real o en la realidad virtual mediante las transmisiones televisivas, durante los dos días finales de las VII Cumbre y la Cumbre de los Pueblos, celebradas en Panamá. Y, aquí no se tratará solamente de definir una contrapartida de la derrota del imperio en relación con la asistencia de Cuba y con su errada interpretación sobre el agresivo e irrespetuoso decreto -por demás ultrapasado y contradictorio tratamiento político,  sencillamente antihistórico,  hacia la hermana Venezuela Bolivariana.

Lo más relevante de los hechos que abordamos, en mi modesta opinión, es que su resultado final ha marcado un momento muy alto del desarrollo ético, moral y cultural dentro de la presente etapa de la historia política de América Latina y El Caribe. Quedó demostrado y sin lugar a duda alguna, como señaló el presidente de Ecuador Rafael Correa, en la conclusión de la Cumbre de los Pueblos: la gran diferencia que existe entre la decadente política imperialista del Norte, y la voluntad política irrevocable e invencible de asumir y ejercer la independencia y la soberanía total por parte de los pueblos y gobiernos del Sur del Río Bravo hasta la Patagonia y del Gran Caribe.

Hubo unanimidad sin discusión entre los 33 mandatarios latinoamericanos y caribeños al recibir con respeto y sincero cariño a la representación de Cuba, por primera vez invitada y concurrente a la VII Cumbre de las Américas, que fue concebida, auspiciada y organizada por la Organización de los Estados Americanos (OEA, a la cual la República de Cuba no pertenece hasta hoy, por razones esencialmente de carácter ideológico)y el gobierno de los Estados Unidos de América, nuestro histórico vecino-adversario, actualmente en proceso de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba a través del reconocimiento de sus errores políticos y de la cabal legitimidad del gobierno revolucionario cubano.

El presidente Barack Obama también saludó con honestidad la incorporación de la mayor isla y archipiélago del Caribe a este encuentro, así como el representante de Canadá. No había otra alternativa, porque la declaración franca y firme de Latinoamérica y El Caribe fue absoluta y determinante: NO HAY CUMBRE SIN CUBA.

Lecciones de Historia viva y de respeto a ella, fueron los discursos que escuchamos de boca de Presidentes y Presidentas. Particularmente destacado y aplaudido, en más de cinco ocasiones, fue la emotiva disertación del presidente de Cuba Raúl Castro Ruz; el más largo de los pronunciamientos al consumir los 48 minutos adeudados a Cuba por ignorarnos en las anteriores seis (6) Cumbres, como jocosamente Raúl les recordó a los asistentes, más los ocho (8) asignados oficialmente a cada intervención presidencial. 

Considero que su exposición clara y sustanciosa, creó la marca de alta política y ética definitivamente establecida para lo que sucedería en el resto de las dos largas sesiones del plenario de la VII Cumbre.

Además de ofrecer una explicación histórica contundente alrededor de la legitimidad de la Revolución Cubana y de la injusticia de la política imperialista contra ella, del derecho indiscutible de Cuba a pertenecer al Continente de América y participar con entera libertad y soberanía plena en el devenir regional -desde el siglo XIX hasta hoy día-, hizo gala del conocimiento y comprensión de la realidad contemporánea,  y de extrema generosidad -rasgos estos que distinguen a los verdaderos revolucionarios- cuando expresó con bizarría y total  franqueza su valoración en torno a Barack Obama, a su ejecutoria como Presidente de los EE. UU., especialmente referida al cambio político planteado hacia la futura normalización de relaciones bilaterales con Cuba socialista, y,  en lógica congruencia, hacia la totalidad de la región compartida y del mundo, representado simbólicamente en la ONU.

Las intervenciones sucesivas de Argentina, Venezuela en la sesión de la mañana y en la tarde del presidente Daniel Ortega de Nicaragua, aportaron más elementos esclarecedores acerca de la historicidad del imperialismo yanqui y de sus diferencias con la América nuestra.  De ningún modo somos antiestadounidenses (porque los canadienses ya han aclarado que “norteamericanos” los abarca en un conjunto que ellos no desean-, somos antiimperialistas, como reacción lógica contra políticas de sometimiento colonial o neocolonial de los nuevos pueblos americanos que ganaron sus respectivas independencias, con sobrada valentía en largas luchas políticas y militares por alcanzarlas. Razón fundamental que nadie puede ignorar.

Conceptos del siglo XX como cooperación, interdependencia (que no equivale a dependencia colonial o neocolonial), subdesarrollo, crecimiento económico, etc. van siendo ampliados y mejorados en el siglo XXI por los que proponen cambios más profundos: desarrollo humano, complementación económica, inclusión social, respeto a los derechos de la Madre Tierra, Región de Paz, entre otros. Los más antiguos,  que atañen a la libertad, igualdad, fraternidad, independencia y soberanía nacional, dignidad y derechos humanos individuales, y los colectivos añadidos recientemente, se exigen como la necesidad histórica de los pueblos americanos,  que no admiten “pasar por modernos” sin gozar plenamente de ellos.

¿Cuál es el decoro que da brillo al país más rico y de la más alta tecnología del mundo, que, en paralelo con la acumulación de esos logros humanos,  discrimina con argumentos insustanciales, como el color de la piel, las diversidades étnicas, sexuales, religiosas o culturales, a sus ciudadanos y ciudadanas? ¿Sobre qué bases, si es que puede haber alguna real, racional,  sostiene ese país una “guerra infinita” por la democracia y los derechos humanos?

Bolívar, Martí, Hostos, Maceo, Gaitán, Guevara, Arnulfo Arias, Chávez, y todos los pensadores y combatientes por la independencia latinoamericana y caribeña estuvieron presentes en la espiritualidad de la VII Cumbre de las Américas, algunos fueron nombrados y todos recordados; unidos al reconocimiento a Fidel, Raúl, Maduro, Evo, Correa…Tampoco fueron olvidados Thomas Jefferson, George Washington, Abraham Lincoln, ni el sueño del pastor afroamericano Martin Luther King, tan radicalmente opuesto al egoísta y tan promocionado “American Dream”, con su edulcorado materialismo vulgar a pulso.

La Cumbre de los Pueblos fue de todos y  todas. En ella sí brilló el decoro de millones de hombres y mujeres que luchan sin descanso por salir de la miseria y la pobreza, por el derecho a la vida saludable de una nueva generación de niños y niñas educados, que no merecen el destino de “los condenados de la Tierra” enunciado por Franz Fanon.

Estuvieron acompañados del sentimiento amoroso y rebelde de la canción trovadoresca y apasionada de quien anuncia “yo me muero como viví”: junto a su pueblo y a los juglares revolucionarios y mártires de Nuestra América, Silvio Rodríguez.

Hermosísimo regalo de Cuba a la inauguración de esa Otra Cumbre, que envolvió la noche mágica de Ciudad Panamá.

Las batallas ganadas en la VII Cumbre de las Américas y en la Cumbre de los Pueblos, ya pasaron a la Historia, y ésta sí cuenta y mucho en el futuro de los pueblos y las naciones. 

Sus intensas jornadas de foros, plenarios, reuniones de toda índole y participantes de todas las etnias, sexos, jerarquías y niveles sociales americanos e integradas por jóvenes y menos jóvenes, fueron coronadas por la Victoria. Ahora, en el período que media entre esta y la VIII a celebrarse en Perú, en el 2018, hay que prepararse aún más.

Conquistar toda la Justicia es un ideal exigente; ser hermanos y hermanas en una sola América constituye un paradigma cada vez más necesario y actual, que comienza a alumbrar,  cada vez con más claridad,  el camino inédito ¡nada fácil! de este cambio de época.

“La lucha continúa, la victoria es cierta” (Agostinho Neto).

La Habana, domingo, 12 de abril de 2015.

 

 

*Cubana. Periodista e investigadora histórica y cultural. Licenciada en Historia, con especialidad en Urbanismo. Máster en Ciencias Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba Miembro de la UNEAC, la Unión de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción y la UPEC. Cumplió tareas como funcionaria del Servicio Exterior del MINREX en Cuba

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