Adentrémonos con seriedad en la Historia de la Revolución Cubana III y final

Por Orlando Cruz Capote

Las raíces de su futura proyección internacional. 1953-1958
 

  • Las relaciones exteriores de la tiranía.

La política interna y externa practicada por el dictador fue muy congruente con el Departamento de Estado norteamericano, cuyo embajador en La Habana,  Arthur Gardner, tenía una amistad personal y relaciones de negocios con el tirano que eran del conocimiento público. El contubernio y apoyo de EE.UU. a la dictadura desde el propio golpe de estado y en el ejercicio de su gobierno con respecto a sus intereses en Cuba, el hemisferio occidental y en la arena internacional se pueden demostrar con un breve glosario de las acciones que se llevaron a cabo durante sus siete años de tiránico mandato.

Primero,  los Estados Unidos, bajo la anuencia del gobierno de facto, ampliaron su presencia militar en Cuba con una misión de las tres armas no solo en La Habana, sino que tuvo filiales en otras provincias, con más de 31 asesores militares, algunos de alto rango, apoyando al ejército y otras instituciones represivas. Las autoridades de Washington enviaron numerosos pertrechos bélicos para el ejército batistiano. Incluso, cuando en 1958 las autoridades de Washington anunciaron públicamente el embargo de armas contra el régimen, tal maniobra fue descubierta inmediatamente, pues a través de la Base Naval Norteamericana de Guantánamo, los gobiernos de Rafael Leónidas Trujillo y Anastasio Somoza, de Santo Domingo y Nicaragua, respectivamente, lo realizaron de forma indirecta, tal como lo denunciara el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Segundo, se elevaron las inversiones directas norteamericanas en la Isla, de 657 millones en 1950, a  1,001  millones  en  1958,  destacándose  el  aumento  en los sectores de la minería, el petróleo y la industria manufacturera. (1) También resultaron beneficiados los monopolios yanquis que llegaron a controlar el 25 % de las mejores tierras del país. Igualmente, los grupos mafiosos norteños lograron algunas componendas con Batista y sus más cercanos funcionarios acerca de ampliar y dominar el sector turístico en la Isla. El clímax de ese sometimiento fue el intento de construir un canal marítimo insular (como el de Panamá) de 80 Km. de longitud desde Cárdenas hasta la Bahía de Cochinos. Tal proyecto, conocido como “Canal Vía Cuba”, fue aprobado el 12 de agosto de 1954, por el Decreto-Ley No. 1618. Según esta norma jurídica, la explotación del canal y demás instalaciones, cedida a una compañía operada, fundamentalmente, por capitales norteamericanos, durarían por un espacio de 99 años. La soberanía nacional de Cuba hubiera quedado seria y fatalmente dañada de haber sido llevada a cabo la ejecución de dicho canal, porque el control iba a quedar en manos extranjeras y la Isla se  dividiría en dos regiones o partes, con toda su trascendental implicación para la independencia nacional. En rechazo a este proyecto se manifestaron el PSP, quien auspició la Asociación Latinoamericana Libre y promovió un Comité Gestor en Defensa de la Soberanía Nacional y contra el Canal Vía Cuba; también estuvieron en contra de este plan la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la Asociación Nacional de Campesinos, la Federación Democrática de Mujeres Cubanas, las logias masónicas, las organizaciones juveniles de todos los partidos de oposición y otras personalidades antibatistianas. Ante la mayoritaria desaprobación del pueblo el proyecto anexionista fue modificado varias veces y, finalmente, abandonado.

Tercero, hubo una sumisión absoluta en cuanto al mercado azucarero cubano hacia los EE.UU., favoreciendo los intereses de la oligarquía cubana y los círculos económicos yanquis en detrimento de los hacendados y otros grupos y sectores burgueses.

Cuarto, en cuanto a la política económica a lo interno de la nación, Batista optó por darle solución a estas problemáticas a través de un plan compensatorio (política de gasto compensatorio) que tuvo como principales acciones, la transformación del Fondo de Desarrollo Económico y Social en entidad bancaria (BANDES) que llevó a cabo una inversión de capital, originalmente de 350 millones de pesos, en proyectos de obras públicas y de fomento que, a su vez, implicó un financiamiento con préstamos exteriores y créditos internacionales que totalizaron 74 600 000 dólares en 1954 y 54 400 000 en 1955. (2) Paralelamente, esa institución en conjunto con el Banco de Fomento Agrícola e Industrial Cubano (BANFAIC) y la Financiera Nacional dispusieron de numerosos fondos públicos para ejecutar las inversiones dirigidas, en la mayoría de los casos, a la construcción de centros de servicios, carreteras, urbanismo y, excepcionalmente, a la creación de industrias.(3) Todo ello lo realizó el gobierno con el fin de satisfacer las necesidades de obras infraestructurales para los inversionistas extranjeros quienes necesitaban que el Estado cubano corriera con los gastos de las mismas. El robo fue una  constante  en la ejecución de  tales  obras, por  ejemplo,  el  túnel  de la Bahía de la Habana se construyó al escandaloso precio de 35 millones de dólares.

Quinto,  el  gobierno  de  Batista intentó alcanzar un clima interno de seguridad muy afín a los intereses de EE.UU., en cuanto a la política que siguió contra el movimiento popular y revolucionario, democrático y progresista. A tales efectos se instrumentó una brutal represión, la supresión casi permanente de las garantías constitucionales, la censura a la prensa, la radio y la televisión, el terror institucionalizado y generalizado por diferentes órganos como el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC-1952), el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el Buró de Investigaciones (BI), el Servicio de Inteligencia Regional (SIR), la Policía Nacional, la Policía Secreta  y la Policía Judicial, además, de los “famosos” Tribunales de Urgencia y las bandas paramilitares que pretendieron aplastar todo signo de rebelión. Los órganos represivos cubanos tuvieron un asesoramiento permanente del Buró Federal de Investigación (FBI) y de la CIA, coordinando sus misiones y tareas mancomunadamente. Según cálculos no confirmados, alrededor de 20 mil cubanos perdieron la vida entre el 10 de marzo de 1952 y el 31 de diciembre de 1958.

Aunque este dato, de por sí escalofriante, no fuera ratificado por las rigurosas investigaciones históricas en curso, una cifra menor no podría ser una excusa para determinar que la dictadura batistiana sí desató un verdadero baño de sangre entre los revolucionarios y la población civil cubana. Un régimen dictatorial-tiránico, totalitario o autoritario, no puede medirse solamente por las cifras de muertos y asesinados, sino también deben incluirse los miles de torturados, los desaparecidos y el miedo-terror impuesto de manera brutal y absoluta hacia toda la población. La comparación de las muertes en Cuba durante la tiranía, con las ocasionadas por otras dictaduras latinoamericanas, como las de Somoza (Nicaragua), Strossner (Paraguay), Duvalier (Haití), Trujillo (Republica Dominicana), Pérez Jiménez (Venezuela), y las más recientes de Pinochet (Chile), de Videla (Argentina) y en la propia Centroamérica, no minimizan el comportamiento fascistoide y sanguinario de ninguna de ellas. No se trata, entonces, de cotejar los más de 5 mil muertos de Augusto Pinochet, con los 35 mil desaparecidos por la dictadura argentina, por cierto las más mencionadas, porque si eso brindara un coeficiente mayor de macabra y cínica efectividad para la tiranía rioplatense, nos preguntamos qué quedaría para el verdadero genocidio-etnocidio cometido en Guatemala, donde se calculan en más de 300 mil los indígenas asesinados y desaparecidos en alrededor de 15 años. 

Tampoco puede realizarse un paralelo con las vidas perdidas en el transcurso de los 50 años de la Revolución Cubana. Una Revolución vale por la forma en que sabe defenderse. Una pretendida equiparación con los fusilados por la justicia revolucionaria en los años iniciales del triunfo (que fueron los asesinos, los torturadores, los delatores, los que robaron descaradamente el erario público, etc.), con los muertos en combate, ya sea en la invasión mercenaria por Playa Girón, la Lucha Contra Bandidos -1960-1966-67-, las constantes infiltraciones y ataques piratas, aéreos y navales, como aquellos contrarrevolucionarios ajusticiados por un meridiano Estado de Derecho revolucionario y socialista, no puede ser ni medianamente justificada y mucho menos igualada con las victimas de la tiranía. Porque estos mercenarios y terroristas actuaron contra la patria, la nación y su pueblo en contubernio con una potencia extranjera hostil, a solo 90 millas de sus costas, que se atribuye la facultad ilegítima de agredirla y bloquearla. A una violencia contrarrevolucionaria, impuesta por los 10 gobernantes de turno estadounidenses, sus acólitos internacionales y los parias internos, no hubo y no habrá más respuesta que la justicia rigurosa aunque no extrema de los revolucionarios y patriotas cubanos. Además en este casi medio siglo de proceso socialista cubano jamás se han mostrado pruebas de asesinatos, torturas y desapariciones.

Sexto, Fulgencio Batista, inmediatamente luego del golpe, se apresuró a declarar que respetaría todos los pactos y acuerdos internacionales de que Cuba era signataria, corroborando su participación en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), la Organización de Estados Americanos y en los convenios bilaterales acordados con los EE.UU. El batistato no solo apoyó la intervención de la Agencia Central de Inteligencia y de la OEA, en contra del gobierno progresista y nacionalista de Jacobo Arbenz, en la Guatemala de 1954, sino que su representante fue uno de los que solicitaron la reunión extraordinaria del “Ministerio de Colonias yanqui”, en Caracas, y participó activamente en la elaboración, promoción y  aprobación de la tristemente célebre Resolución 93.

Séptimo, provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y la URSS, en 1952, y participó en todas las campañas internacionales y regionales contra el campo socialista este-europeo y la China Popular. Estableció, como era de esperarse, nexos muy estrechos con las gobiernos autoritarios y dictatoriales latinoamericanos y caribeños, constituyendo un pivote seguro en la represión anticomunista continental. En esos siete años, se sumó incondicionalmente a la política de Guerra Fría e hizo extensivo a lo interno la política anticomunista iniciada por los EE.UU. (4) Un estudio realizado, en coautoría con una jurista,  permitió ratificar que alrededor de 90 leyes, decretos y otros instrumentos jurídicos fueron aprobados en la Isla (5) con el fin de “justificar” la multiplicación de las campañas contra los comunistas  y, con ello, desatar la persecución de todas las ideas y acciones revolucionarias, patrióticas, democráticas y progresistas. Ese clima de terror antisoviético y antisocialista fue ampliamente divulgado por los medios de comunicación en la Isla, permeando de forma insidiosa las mentes y conciencias de muchos de sus ciudadanos.

Un resumen de la política exterior batistiana arroja como resultado el incremento de la dependencia de Cuba con respecto a los EE.UU., comprometiendo aún más la actividad internacional de la Isla con el Imperio del Potomac, violando además los principios y los derechos de autodeterminación de los pueblos, de no injerencia en los asuntos internos de los Estados y persiguiendo a los exiliados políticos y revolucionarios, principalmente, de la región.

Por otra la parte estadounidense, desde finales de 1958, hubo cierto consenso en el Departamento de Estado de que Batista debía renunciar y salir de la Isla antes que se produjera el triunfo rebelde. Las acciones en ese sentido fueron varias: desde presionar al dictador -pretendieron prohibirle la venta de armas- para hacerle entender la necesidad de su abandono presidencial; contactar, a través de los embajadores norteamericanos, Arthur Gardner y Earl T. Smith, con las fuerzas reformistas opositoras al régimen dictatorial para que sustituyeran al mismo con el fin de brindar una imagen democrática del gobierno cubano; organizar y apoyar un golpe de Estado -civil o militar-; probar la penetración de espías y, de esa forma, profundizar en los conocimientos acerca de los fines del MR 26 de Julio y, especialmente, del Ejército Rebelde y de sus líderes; hasta la intención de que se cometiera el asesinato de sus principales dirigentes. Y aunque hubo una opción manejada de intervenir militarmente a favor del tirano, la idea esgrimida por los círculos más derechistas del Pentágono no predominó, felizmente, en la balanza de las alternativas estudiadas. Sin embargo, comenzaron a ser activados algunos de los espías “con fachada profunda” que la CIA tenía introducidos en Cuba. (6)

  • Otros accionares latinoamericanistas y antiimperialistas.

Una vez culminada la contienda bélica mundial (1939-1945), otros espacios de solidaridad se abrieron para las nuevas generaciones de patriotas e internacionalistas cubanos. El líder estudiantil de la Facultad de Derecho de la Universidad de la Habana, Fidel Castro, junto a otros jóvenes patriotas y revolucionarios, se enrolaron en una expedición armada de Cayo Confites, en octubre de 1947, para derrocar al dictador Trujillo en República Dominicana, que fue frustrada por el propio gobierno de Grau, el ejército, los aventureros y oportunistas de variado espectro que se habían unido a la misma. En 1948, el propio Fidel y otros compañeros viajan a Colombia para asistir a una reunión de coordinación de los estudiantes y jóvenes latinoamericanos, organizada y dirigida, en parte, contra la constitución de la OEA, entre otros objetivos. Y allí toman parte en las acciones combativas del pueblo colombiano por el asesinato del candidato popular  Jorge Eliécer Gaytán. De igual forma, el líder revolucionario es integrante del Comité Universitario Pro-Independencia de Puerto Rico, luego del resurgimiento del movimiento independentista de ese país (1950) y, más tarde, del Comité Pro-Guatemala, cuando se produce la agresión de la CIA y la OEA contra ese pueblo en 1954.

El Comité Pro Guatemala inició un reclutamiento popular de jóvenes cubanos dispuestos a combatir en defensa de ese hermano pueblo. Se conformaron entonces las Brigadas “Antonio Maceo” y “Rubén Batista” (nombre del primer mártir estudiantil de la dictadura batistiana) y aunque no fue posible la materialización de esta decisión latinoamericanista, algunos de sus representantes, por otras vías, tuvieron la oportunidad de llegar a esa tierra centroamericana. En ese país se encontraron Jorge Risquet, entonces dirigente de la Juventud Socialista (organización juvenil del PSP) además de  representante de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), y el joven médico argentino Ernesto Che Guevara, quien coincidió en ese momento y espacio histórico en su recorrido por América Latina y se sumó de inmediato a la lucha. En aquel momento el Che comentó que, “(…) Cada mercenario tenía dos ametralladoras, muchas municiones y granadas de mano. Nosotros éramos apenas 50 personas y teníamos sólo revólveres y viejas escopetas, que ni siquiera alcanzaban para todos”. (Noel Vázquez -seudónimo de Jorge Risquet- “Cinco meses en Guatemala”, artículo publicado primeramente en alemán, revista Juventud del Mundo, Órgano de la Federación Mundial Democrática de Juventudes; y también en la Revista Verde Olivo, No. 28, La Habana, 1984, p. 12).

Paralelamente, José Antonio Echevarría y otros  dirigentes estudiantiles universitarios estuvieron presentes en tierras  costarricenses en 1954, ante la agresión del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, en un gesto de convicción y sentimiento solidario, latinoamericanista y humano de gran dimensión.

En cuanto a la participación cubana en la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), fundada en 1945 en Londres, podemos considerarla  amplia, así como  la historia  de  la presencia posterior de  la  juventud cubana en los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes. Una representación de la Isla estuvo  presente en su constitución, entre ellos, Flavio Bravo, Jaime Gravalosa, Arquímedes Poveda, entre otros. (7) Y en 1949, en el II Festival efectuado en Budapest, Hungría, asistieron 4 representantes de la FEU y la Juventud Socialista.

Tres años más tarde, en 1953, en el III Festival estuvo, en sus sesiones y actividades, una delegación cubana de 21 miembros, entre los cuales se encontraban, Antonio Núñez Jiménez, José Felipe Carneado, Alfredo Guevara, Raúl Valdés Vivó y José Massip. A la  Conferencia  Internacional  de  Viena,  en  marzo  de  1953,  asistió  el joven de 22 años, Raúl Castro, como miembro del Comité Permanente del Congreso Martiano por los Derechos de la Juventud, surgido en el  cónclave celebrado en La Habana, los días del 26 al 28 de enero de 1953. (8) A su regreso a Cuba, Raúl fue apresado, golpeado y amenazado por el Buró de Investigaciones del régimen batistiano. Y en una entrevista concedida al periódico Hoy, luego de ser puesto en libertad expresó: “Momentos emocionantes fueron los de la clausura de la Conferencia (…) ¡Se acababa de proclamar el derecho de la joven generación a la felicidad!”. (En periódico Hoy, La Habana, 21 de julio de 1953, p. 4). Posteriormente, Jorge Risquet asistió, junto con otros 15 jóvenes cubanos, al IV Festival Mundial en Bucarest, Rumania, entre el 2 y el 16 de agosto de 1953.

Finalmente significaremos que, en la última etapa por la liberación nacional y social de nuestra patria, participaron otra vez, como en las guerras de liberación nacional y social del siglo XIX y del propio XX, varios combatientes internacionalistas, como el argentino Ernesto Che Guevara, los dominicanos Ramón Mejías del Castillo y Enrique Jiménez Moya, el mexicano Guillén Alfonso Zelaya Alger, el español Alberto Bayo Giroud y el italiano Gino Donne Paro. También es necesario mencionar el apoyo de compañeros y personalidades mexicanas como Maria Antonia, Antonio del Conde -el amigo que compró el Yate Granma-, y del propio ex-presidente de México, Lázaro Cárdenas, entre otros.

Quizás, el caso menos conocido sea el de Enrique Jiménez Moya, quien arribó a la Sierra Maestra en un avión desde Venezuela, en el mes de diciembre de 1958, con la encomienda de brindar ayuda en hombres y armas al Ejército Rebelde, en especial, por parte de los patriotas y revolucionarios dominicanos, pero que no llegó a materializarse por la rápida victoria del Primero de Enero. No obstante, Jiménez Moya logró el acuerdo solidario tácito de que, una vez triunfante la Revolución en Cuba, ésta daría su apoyo solidario a los hermanos quisqueyanos en su lucha contra el dictador Trujillo, compromiso político y militar que el proceso revolucionario cubano cumplió al final del primer semestre de 1959.

Las concepciones y acciones de franco espíritu independentista, latinoamericanista y antiimperialista, solidario e internacionalista de estos duros años conforman, a nuestro entender, las raíces básicas de la proyección internacional de la Revolución Cubana. Se puede afirmar sin dudas  que con ese arsenal teórico y práctico, con las enseñanzas y experiencias de los luchadores cubanos de todas las épocas y con la creatividad innata de los nuevos dirigentes de la Revolución, el proceso revolucionario iniciado el primero de enero de 1959 tenía las condiciones objetivas y subjetivas para definir una proyección internacional acorde a las nuevas situaciones históricas.

Notas bibliográficas y referencias:

(1)   Sección de Estadística. Departamento de Comercio de los Estados Unidos, tomo 1,  p. 147.

(2)   Revista Cuba Económica y Financiera, No. 393, diciembre de 1958, La Habana, Cuba, p. 7; CEPAL, Naciones Unidas, Estudio Económico de América Latina, E/CN. 12/498/Rev. 1, 1958,  p. 129.

(3)   En estos escandalosos desfalcos al tesoro nacional se vieron envueltos, el propio Batista y numerosos personeros del régimen, así como los accionistas extranjeros. Lógicamente, se beneficiaron además la cúpula del ejército, la camarilla amarilla sindicalista mujalista -Eusebio Mujal, era el Secretario General de la Confederación de Trabajadores de Cuba- y algunos personeros de la jerarquía católica. El Gobierno cubano sobrepagó las obras en un 39, 01 %.

(4)   Desde 1951, el macartismo en los EE.UU. (Senador Joseph McCarthy) se fue imponiendo en América Latina. Esa política anticomunista, verdadera “caza de brujas” contra las fuerzas democráticas y progresistas, se amplió en el batistato con los Tribunales de Urgencia, las torturas, asesinatos y desaparecidos que fueron una constante.

(5)   Eulalia Viamonte Guilbeaux  y Orlando Cruz Capote  “La legislación anticomunista cubana durante el período de 1952 a 1958”, Premio Concurso “Ignacio Agramonte”, Unión Nacional de Juristas de Cuba, 1981,  Inédito.

(6)   Earl T. Smith The Fourth Floor (El Cuarto Piso), New York, 1962; Thomas G. Patterson Contesting Castro, Oxford University Press, USA, 1994; Jorge Ibarra Guitart El Fracaso de los Moderados, Editora Política, La Habana, 2000; y, Tomas Diez Acosta  Confrontación Estados Unidos-Cuba, Editora Política, La Habana, 2003.

(7)   La delegación cubana estuvo integrada por 8 miembros efectivos y dos suplentes, en representación de la FEU, la Juventud Socialista, la Comisión Juvenil de la CTC y la Juventud Auténtica. En, María C. Pacheco, Orlando Cruz y Humberto Fabián  Apuntes para la Historia del Movimiento Juvenil Cubano, Editora Abril, La Habana, 1987. 

(8)   El Congreso Martiano por los Derechos de la Juventud  fue un empeño de varias organizaciones juveniles de la oposición batistiana que impulsaron, en su lucha por restituir la Constitución de 1940, los derechos democráticos, la celebración de elecciones generales y otras demandas radicales como la constitución de un gobierno realmente democrático, la realización de una reforma agraria, la eliminación de la discriminación racial, etc. Este evento nacional, en el año del Centenario del nacimiento de José Martí, formó parte de un amplio movimiento internacional en defensa de los derechos de la joven generación que culminaría en Viena, ese mismo año, en una conferencia mundial de las juventudes.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

(1era. parte): http://cubacoraje.blogspot.com/2008/10/adentrmonos-con-seriedad-en-la-historia_15.html

(2da. parte)
http://cubacoraje.blogspot.com/2008/10/adentrmonos-con-seriedad-en-la-historia_16.html

Acerca de lapolillacubana26

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